Volkswagen. Coches para el pueblo.

Por Gregorio Torres Gallego. Extracto publicado en la obra Segunda Guerra Mundial, Claves de la mayor contienda de la Historia. Biblioteca Diario El Mundo. Madrid 2009
Todo el mundo sabe que Volkswagen es algo más que una marca de coches. Es un gran imperio industrial cuyo grupo es el tercer productor mundial de automóviles. Lo que ya es menos conocido es que esta empresa fue fundada a bombo y platillo por los nazis como escaparate de un régimen que quería demostrar su confianza en el desarrollo de su clase trabajadora y en el futuro de los vehículos familiares movidos a motor.

El afán de los nacionalsocialistas por conseguir la “motorización de Alemania” pasaba por el logro de dos importantes realizaciones materiales que habrían de dejar una huella imperecedera en la historia moderna de Alemania: la construcción de una gran red de autopistas y la creación de la fábrica de automóviles Volkswagen. Para lograr el segundo de estos objetivos, Adolf Hitler, nada más tomar el poder en 1933, encargó al reputado ingeniero alemán Ferdinand Porsche que diseñase un coche fácil de mantener y barato de fabricar, de mecánica robusta y líneas modernas. Tras reflexionar sobre la idea del Führer, y después de recibir las aportaciones de otros grandes ingenieros, como Hans Ledwinka y Erwin Komenda, Porsche aceptó el trabajo y en el verano de 1934 comenzó la fase de diseño de lo que sería uno de los grandes símbolos del siglo XX: el “Volkswagen Escarabajo”.
Las palabras textuales de Hitler referidas al proyecto de crear un “coche del pueblo” (en alemán Volkswagen) sirvieron para bautizar popularmente al que oficialmente se designaría “KdF-Wagen», o coche de la KdF. La Kraft dürch Fraude o KdF (Fuerza a través de la Alegría) era una organización perteneciente al sindicato nazi Frente del Trabajo Alemán (DAF) cuyo principal objetivo era ofrecer al trabajador y a sus familias las mejores opciones para disfrutar de su tiempo libre. Mediante dicha organización se canalizaron los fondos para poner en marcha el proyecto.

Llegada la guerra se modificaron de inmediato los planes de producción y, aprovechando el chasis y el motor del Escarabajo, se fabricaron vehículos militares como el todoterreno Kübelwagen que muestra la fotografía.

En la mente de Hitler el proyecto del Volkswagen iba más allá de la mera fabricación de un turismo más. Para él, la producción de este utilitario habría de servir como base para la construcción de una potente industria automovilística alemana, capaz de competir con las marcas norteamericanas, francesas, británicas o italianas, poniendo en pie desde la nada un gran complejo que incluiría toda una ciudad para los trabajadores de la fábrica, puerto fluvial e incluso una central eléctrica. Para sufragar todo este proyecto se recurrió a la suscripción de un bono semanal de cinco marcos por parte de todo aquel ciudadano alemán que quisiese hacerse con uno de estos vehículos, llegando a conseguirse más de 335.000 inscripciones. Hay que tener en cuenta que el precio de venta al público quedaría fijado en algo menos de mil marcos, con lo que cada familia tendría que estar ahorrando durante algo menos de cuatro años para poder obtener su Volkswagen.
Los primeros prototipos del coche se fabricaron en Stuttgart y se presentaron en 1936, mostrando ya esos rasgos distintivos que le harían célebre: el perfil redondeado que Hitler había sugerido a Porsche, el motor situado en la parte trasera con refrigeración por aire, cuatro cómodos asientos, un motor capaz de darle una velocidad de 100 kilómetros por hora… Tras la presentación de estos prototipos el número de subscriptores fue en aumento, lo que permitió crear en 1937, dependiendo del sindicato DAF, la corporación empresarial encargada de la fabricación, que recibiría al año siguiente la denominación Volkswagenwerk GMBH.
En la primavera de 1938, rodeado de una gran multitud, Hitler puso la primera piedra del gran complejo residencial e industrial, que fue bautizado como KdF-Stadt (Ciudad de la KdF) y que se ubicó en el norte de Alemania, en la región de la Baja Sajonia. Pocos coches pudieron entregarse antes de que la llegada de la II Guerra Mundial forzase a la empresa a cambiar el destino de sus producciones. De las modernas cadenas de montaje de la Volkswagen comenzaron a salir vehículos militares todoterreno (Kübelwagen) o anfibios (Schwimmwagen) que, con el motor básico del Escarabajo, servirían para dotar de vehículos ligeros a las divisiones de la Wehrmacht hasta el final de la contienda. Además también se aprovecharon las instalaciones de la corporación para fabricar diversas piezas para aviones e incluso municiones. Para atender las necesidades de mano de obra, habida cuenta de que gran parte de los obreros masculinos habían sido reclutados por las Fuerzas Armadas, muchos prisioneros de guerra fueron obligados a trabajar en el complejo de la Volkswagenwerk.

Cadena de fabricación de la Volkswagen durante la II Guerra Munidal Obsérvese el característico motor con su gran ventilador para refrigerar por aire el motor.

Tras sufrir severos bombardeos en el último año de guerra, los restos de todo el complejo de la KdF-Stadt cayeron en manos de las fuerzas estadounidenses, quienes la entregaron a las tropas de ocupación británicas. La ciudad cambió casi de inmediato su nombre por el de Wolfsburg y la fábrica, tras realizarse algunas reparaciones, se convirtió en un gigantesco taller para las fuerzas aliadas, donde se construirían también varios centenares de Kübelwagen con piezas que había en los almacenes. Al frente de la fábrica los ingleses mantuvieron a su director técnico, el ingeniero Rudolf Brörmann, quien, gracias al apoyo del comandante inglés Ivan Hirst, en septiembre de 1945 conseguiría para la Volkswagen un pedido de 20.000 automóviles ligeros para el ejército británico, que andaba escaso de este tipo de vehículos por aquellas fechas. Así comenzó la producción en masa del Escarabajo, del cual se llegaron a fabricar mil ejemplares al mes en al año siguiente de llegar el pedido mencionado. A pesar del desdén con que trataron al proyecto las grandes firmas automovilísticas occidentales a las que se les ofreció absorber la fábrica, en los años cincuenta el Volkswagen Escarabajo alcanzó tal popularidad que la fábrica llegó a producir el ejemplar número un millón en 1955.
Este vehículo siguió fabricándose en Alemania hasta 1978, mientras que en otros lugares del mundo, sobre todo en países en vías de desarrollo, se abrían otras plantas para producirlo bajo licencia germana, hasta convertirlo en el coche más vendido de la historia en 1972. Mientras tanto, la empresa Volkswagen comenzó en 1974 la producción de otros modelos, iniciando su diversificación con el conocido Golf, y lanzándose al mercado mundial automovilístico siguiendo la misma dinámica que otras empresas del sector.
Pero… ¿qué ocurrió con los ciudadanos que habían estado pagando puntualmente sus cuotas durante el Tercer Reich para hacerse con su utilitario? ¿Acaso no habían sido ellos con sus ahorros los verdaderos artífices del milagro de la Volkswagen? Hay que decir que los fondos de la KdF y buena parte de sus bienes fueron incautados por los rusos en 1945 como “reparación de guerra”, y la corporación estatal había pasado a convertirse en empresa privada tras la contienda. Los ahorradores perjudicados, no resignándose a perder su dinero se asociaron y demandaron a la nueva corporación empresarial, llevándola a los tribunales y consiguiendo, tras un largo litigio, que les fuera entregado un Escarabajo a cada damnificado a cambio de 600 marcos en 1961.
Por su parte la KdF-Stadt, Wolfsburg, tiene en la actualidad 120.000 habitantes, albergando todavía hoy la sede social del Grupo Volkswagen.

El nazismo se marcó como una de sus metas modernizar el país a través de la motorización masiva de su población. Para conseguirlo se celebraban periódicamente en las principales ciudades ferias y exposiciones de automóviles.

 

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