Volkssturm. Un ejército de desesperados

Por Gregorio Torres Gallego. Publicado en el Tomo 28 de la colección Segunda Guerra Mundial 1939-1945, Biblioteca EL MUNDO, La Esfera de los Libros. Madrid, 2001. Páginas 76-77.

Cuando la guerra se aproximaba a su final, Hitler decidió movilizar a todos los hombres entre los 16 y los 60 años de edad que, por diferentes motivos, no habían sido movilizados aún por las Fuerzas Armadas del Reich. Se agruparían en el llamado Volkssturm (Batallones del Pueblo).

Al estallar la II Guerra Mundial, los alemanes no corrieron a manifestarse alborozados por las calles de sus principales ciudades, tal como habían hecho veinticinco años antes al comenzar la anterior contienda. La desazón de la población del Reich impresionó bastante a Hitler, que dictó instrucciones a sus colaboradores para que se minimizar el impacto de la guerra en la población civil. Hubo que esperar principios de 1943, después del desastre de Stalingrado y del incremento de los bombardeos aéreos sobre las ciudades alemanas, para que los nazis implementaran lo que Goebels bautizó como Totaler Krieg, la “Guerra Total”. Fue entonces cuando la población empezó a sufrir un serio racionamiento de todo tipo de productos, viéndose obligados hombres y mujeres a realizar las tareas laborales y los servicios sociales que les fueron encomendados por las autoridades.

Pero lo peor estaba aún por llegar. Los ataques aéreos arreciaron y, al año siguiente, la situación de las armas alemanas se complicó por todas partes. Así, en la primavera de 1944, el frente del este se desmoronó y los rusos comenzaron su inexorable avance hacia Berlín, mientras los aliados occidentales desembarcaban en las playas de Normandía y empezaban a acercarse con rapidez a las fronteras germanas. Las fuerzas armadas habían movilizado ya  todos los hombres que reunían unas condiciones físicas mínimas para poder ser alistados, pero no era suficiente. Para defender el territorio alemán de la amenaza de la ocupación había que tomar aún medidas más drásticas. El general Guderian, jefe del Estado Mayor del ejército, propuso a Hitler que se acortase la línea del frente replegando a las fuerzas germanas que defendían los Balcanes, el sur de Francia y la península Itálica, pero Hitler se negó en redondo. En lugar de esa medida, el 25 de septiembre de 1944 se promulgó un decreto especial del Führer con el que se establecía la creación de una milicia nacional mediante la movilización de todos los varones de edades comprendidas entre los 16 y los 60 años que hasta el momento habían quedado exentos de prestar el servicio militar. Parece ser que fue Martin Bormann, secretario político de Hitler, quien redactó la mayor parte del decreto, inspirándose parcialmente en un precedente de este tipo que ya existía en la historia alemana, pues en las guerras contra Napoleón, se había organizado en Prusia una fuerza popular denominada Landsturm que combatió con gran valentía frente al invasor. La medida llegaba muy tarde, y los esfuerzos de Hitler por mantener alejada a su población civil de la guerra impedirían que se crease una milicia nacional efectiva.

Unidad del Volkssturm desfila por las calles de una ciudad alemana portando lanzagranadas antitanque tipo Panzerfaust

A pesar de todo, una legión de niños, ancianos y hombres que presentaban serías taras físicas, incluyendo inválidos de guerra, fueron requeridos para formar parte de lo que vino a llamarse Volkssturm (Batallones Populares de Asalto). También fueron requeridos ahora todos aquellos varones comprendidos entre las edades antes indicadas que, hasta el momento, se habían librado del servicio militar por ser consideradas sus ocupaciones laborales como estratégicas para el país. Entre cinco y seis millones de alemanes se verían así afectados por la movilización. La organización de cada unidad sería responsabilidad de los Gauleiter (gobernadores políticos de cada región), quienes deberían encargarse del alistamiento, distribución de armas, instrucción y utilización militar de dichas tropas, aunque el jefe de las SS, Heinrich Himmler, se reservó el mando del Volkssturm a nivel nacional. La unidad básica sería el batallón, con unos efectivos que habrían de rondar los 600 hombres, y en teoría cada uno de dichos batallones tendría que actuar única y exclusivamente a nivel local, defendiendo la circunscripción de donde procediese. No obstante se registraron muchísimos casos en los que unidades completas fueron enviadas a combatir a frentes bastante alejados de sus hogares.

Casi siempre el armamento que se les entregó fue de desecho, estando compuesto sobre todo por viejos fusiles, muchos de ellos capturados al enemigo en los años anteriores, que se hallaron en los arsenales militares y en las comisarías de policía. No faltaron las escopetas de caza y otras armas cedidas por particulares, siendo en muchos casos los propios reclutas los que tuvieron que procurarse su dotación. En este sentido las más notables excepciones consistieron en el reparto masivo de lanzagranadas Panzerfaust (puño acorazado) de un solo uso, que estaban especialmente destinados para atacar carros de combate a muy corta distancia, y de fusiles Volksgewehr (fusil del pueblo), piezas de bajo coste y rápida fabricación manufacturada en grandes cantidades en los últimos meses de la guerra. Incluso más difícil que conseguir las armas resultó el proporcionar a los reclutas municiones suficientes y en algunos batallones se entregaron tan sólo diez balas por hombre. Cada hombre debía procurarse también su propio uniforme, que en el caso de los combatientes de menor edad sería el de la Juventud Hitleriana, teniendo todos sus integrantes como único elemento común un brazalete con el águila nacional y la leyenda “Deutsche Volksturm. Wehrmacht”.

Brazalete oficial que identificaba a los miembros del Volkssturm durante los últimos meses de la contienda. Fabricado normalmente en algodón blanco con colores impresos, se llevaba cosido en la bocamanga

En cuanto a la instrucción recibida tenemos que decir que fue sumamente básica, quedando a cargo de las Secciones de Asalto (SA) y del Cuerpo Motorizado del partido nazi (NSKK). Hay que tener en cuenta que la mayoría de los reclutas tenía que compatibilizar su servicio en la milicia con su trabajo y, por aquellas fechas, los hombres trabajaban unas 70 horas a la semana en  Alemania. Tan sólo se dieron algunas clases sobre mantenimiento y utilización de armas, amén de algunas nociones muy básicas sobre técnicas de combate.

En un principio estas unidades se dedicaron sobre todo a cavar trincheras y a levantar barricadas, aunque cuando el enemigo se aproximaba a las localidades de donde procedían, sobre todo en el este del país, fueron enviadas por los gerifaltes políticos locales a luchar cara a cara con los curtidos ejércitos del enemigo, a pesar de su escaso armamento y de su débil instrucción. Debido a todos los condicionantes negativos que pesaban sobre los batallones del Volkssturm, sus primeras actuaciones militares se saldaron con rotundos fracasos, como era de esperar. Ello llevó a Hitler a redactar un nuevo decreto el 28 de enero de 1945, ordenando que los hombres del Volkssturm fuesen mezclados con tropas regulares en la medida de lo posible, formando unidades mixtas que quedasen bajo el mando de los jefes de las divisiones del ejército que combatiesen en sus sectores. Esto supondría la salvación de miles y miles de vidas, ya que la mayoría de dichos jefes optaron por utilizarlas como fuerzas de retaguardia en el mejor de los casos, no faltando muchos ejemplos en los que sus integrantes fueron de inmediato enviados a casa para evitar su aniquilamiento.

Aunque no faltaron ejemplos en toda Alemania en los que las fuerzas del Volkssturm demostraron gran valor y coraje en la defensa de sus ciudades, fue en el este donde tuvieron lugar sus más destacadas actuaciones. Hubo casos como los de Königsberg o Berlín en los que, bien coordinados con las unidades militares desplegadas en la zona, los batallones del Volkssturm resistirían largas semanas el asedio soviético. En Breslau, mandados por el general Niehoff y alentados por el Gauleiter Hanke, fueron los artífices de una resistencia que se prolongó durante casi tres meses. Además, se registraron incluso varios ejemplos en los que algunos de sus miembros, como Ernst Tiburzy y Otto Herzog, llegarían a recibir la prestigiosa condecoración de la cruz de Caballero de la cruz de Hierro gracias a su extraordinario comportamiento en combate.

Llegado el momento de la rendición, aunque en el oeste los aliados fueron bastante benevolentes con estos hombres, en el frente oriental fueron tratados como partisanos por los rusos, siendo en muchas ocasiones fusilados sin juicio previo tan pronto como caían prisioneros. Así, el recuento de bajas entre sus filas una vez acabada la contienda elevó el número de muertos a más de 170.000 hombres.

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