Piloto Alférez Don Antonio Navarro. Héroe español en los cielos de Rusia

Por Gregorio Torres Gallego. Extracto del artículo publicado en Revista Ares, nº 40. 2014.

Don Antonio Navarro Pérez, de orígenes humildes, nació el 31 de enero de 1912 en la pequeña pero preciosa localidad alicantina de Polop de la Marina, ingresando como voluntario en las fuerzas armadas con tan sólo quince años. Su ferviente vocación militar aunaba dos aficiones, la marinera y la aviadora, por lo cual eligió incorporarse a la Aeronáutica Naval, ingresando en la Escuela de Aviación Naval de Barcelona el 1 de junio de 1927. Antes de que acabara el año había comenzado la parte práctica de su formación embarcando en el buque escuela “Río de la Plata”, dando inicio a los cursos de especialista mecánico de aviación que le permitieron conseguir el título dos años más tarde.

Antes de cumplir los dieciocho años, solicitó y consiguió su ingreso en la Escuela Civil de Aviación de Albacete, aunque en aquel momento no llegó a obtener el título de piloto. Por el momento tuvo que conformarse por ir rotando como mecánico por las distintas escuadrillas y bases de hidros que la Aeronáutica Naval tenía por entonces diseminadas por nuestras costas. Así, con el rango de sargento-mecánico desde diciembre de 1931, debió sudar mucho para conseguir mantener operativos a aparatos ya tan desfasados por entonces como los Dornier J Wal, CASA-Savoia-Marchetti S.62 y Macchi M-18, prestando sus servicios tanto en tierra como en vuelo. Sus pertinaces esfuerzos y los brillantes resultados obtenidos en los cursos correspondientes le valieron el ascenso a brigada en 1933, siendo destinado al Departamento de Control de la fábrica de Hidros de Cádiz, donde permanecerá hasta el comienzo de la Guerra Civil, con un paréntesis de un año de servicio en Ferrol. Hasta el 18 de julio de 1936 llevaba ya anotadas un total de 193 horas de vuelo, un número ya elevado que se dispararía durante la contienda.

Pilotos de la Segunda Escuadrilla Azul antes de partir hacia la Unión Soviética

Comienza la Guerra Civil

Navarro, sorprendido en Cádiz por el triunfo del alzamiento militar en aquella provincia, se mostró totalmente afecto a los sublevados, y servirá durante las primeras semanas de la guerra en los Dornier que transportaban tropas de las unidades alzadas desde Ceuta hasta Algeciras, estando destinado en la base del Atalayón (Melilla). Partirá a continuación hacia Bilbao y Ribadeo, realizando como mecánico de a bordo continuos vuelos de reconocimiento y protección de los buques nacionales en el Cantábrico hasta la total caída del Frente del Norte. Sus desvelos por los aparatos y su conducta intachable le valieron el 1 de enero de 1938 el ansiado y merecido ascenso a oficial. Así, con el rango de alférez (maestro-mecánico), será destinado como jefe mecánico a la Base de Hidros de Pollensa en Mallorca, donde se familiarizaría con los Cant Z.501 traídos de Italia, llegando a reparar en vuelo algunos aparatos y evitando más de un aterrizaje forzoso.

Ya a comienzos de 1939 es nombrado Jefe de Material y Personal Especialista de la Escuela de Transformación de Jerez de la Frontera, terminando la contienda en aquel destino. Como mecánico de a bordo, había totalizado durante el conflicto 605 horas de vuelo, prestando nada menos que 316 servicios, lo que equivale aproximadamente a un vuelo de guerra de dos horas de duración cada tres días, con el consiguiente y agotador estrés que ello supone para cualquier combatiente.

Es curioso que con su magnífico historial y su excelente preparación técnica, tras tres años ininterrumpidos de combates, con una intachable hoja de servicios e importantes destinos, no consiguiese más que un misero ascenso en la escala.  ¿Tuvo algo que ver con esto el incidente que relata la famosa Celia Giménez en un artículo de prensa  publicado tras la muerte de Navarro, donde se dice que nuestro protagonista, sin tener aún el título de piloto, despegó sin permiso con el avión que estaba reparando?

Por fin piloto de caza

Sea como fuere, Navarro acabó la guerra como alférez, y a pesar de presentar reclamación formal, no conseguiría más ascensos en su vida. Lo que sí logró fue que se le aceptase su solicitud para realizar el curso de piloto militar, obteniendo por fin el deseado título en 1940 y marchando seguidamente a la Escuela de Caza para su especialización. Tras su graduación fue destinado al 24 Grupo de Caza del 23 Regimiento, donde pilotaría por vez primera los Messerschmitt Bf-109.

Durante un vuelo rutinario efectuado el 27 de febrero de 1941, a las 11 de la mañana, su aparato, el 6-106, resultó bastante dañado al capotar en el aeródromo de Manises, resultando él herido de carácter leve en cabeza, manos y piernas. A mediados de 1941 fue enviado a Reus, al 25 Grupo, donde fue designado jefe de la escuadrilla que dicha unidad destacó provisionalmente en el aeródromo de Son San Joan en Mallorca, realizando misiones de patrulla por el Mediterráneo para vigilar el espacio aéreo balear frente a posibles incursiones de buques o aviones de los países contendientes en la Segunda Guerra Mundial.

Navarro se había presentado ya voluntario en el verano de 1941 para formar parte de la unidad española enviada por nuestro Ejército del Aire a la Unión Soviética para combatir al comunismo desde el seno de la Luftwaffe alemana de forma paralela a la División Azul. No fue seleccionado para formar parte de la primera escuadrilla expedicionaria, pero sí para la de reemplazo que se organizó en los primeros meses de 1942 bajo el mando de acreditado as aéreo Julio Salvador Díaz de Benjumea. Así, el 4 de febrero fue seleccionado como uno de los diecinueve pilotos que habían de integrar la Segunda Escuadrilla Azul, marchando a Morón de la Frontera para concentrarse con sus compañeros y trasladándose a continuación al aeródromo de Tablada, donde se realizaron las primeras sesiones de entrenamiento. Tras breve estancia en la base de Getafe, donde les despidió el Ministro del Aire, Juan Vigón, partieron con rumbo a Alemania antes de acabar el mes. Su primer destino fue la escuela de caza de Werneuchen, donde Navarro realizó su primer vuelo entrenamiento el 27 de marzo. Sólo dos despegues más realizó en abril, y otros diez en mayo, terminando su formación con los Messerschmitt Bf 109 F a comienzos de junio. El día 8 le fueron entregados oficialmente sus nuevos aparatos a los españoles, acusando recibo nuestro alférez del que llevaba el puro marcado con el número 4.

Se organizará durante la siguiente semana el traslado al frente de todo el personal de la Segunda Escuadrilla Azul, realizando Navarro el primer trayecto como pasajero de un Junkers Ju 52/3m que le dejó en Königsberg. Allí, en la capital de la Prusia Oriental, tomó los mandos del Bf 109 número 12 y se dirigió a Wilna, donde cambiaría de aparato para llegar el día 21 a su nueva base, sita en las proximidades de Orel, donde la escuadrilla española quedó encuadrada en la elitista Ala de Caza 51 “Mölders”, en la cual servían muchos de los mejores pilotos de caza de la Luftwaffe.

Tras el preceptivo vuelo de orientación, realizado el día 25 de junio, nuestro protagonista comenzará sus misiones de caza libre el 27, entablando su primer combate con aparatos rusos el 28. Aunque salió airoso de su bautismo de fuego, la mala suerte seguía rondándole, resultando herido de cierta gravedad el día 29 al desprenderse en vuelo la cabina de su Messerschmitt a más de setecientos metros de altura, golpeándole brutalmente la barbilla. A pesar del terrible impacto, con el maxilar fracturado y sangrando abundantemente, logró mantener la calma, aterrizando y salvando el aparato, lo que le valió la felicitación de sus superiores. El bravo Navarro rehusó además a ser evacuado a un hospital de retaguardia para curar sus heridas, y permaneció en la base de Orel junto a sus compañeros durante las dos semanas que duró su convalecencia.

Victoria y muerte en la estepa rusa

Aun no se hallaba plenamente recuperado de sus heridas cuando solicitó y consiguió permiso para reincorporarse al servicio activo. Con un aparatoso vendaje, volvió a tomar los mandos de un avión el día 11 de julio, realizando una misión de protección de un Henschel Hs 126 en vuelo de observación. Dos días más tarde prestó servicio de escolta al Heinkel He 111 en que viajaba el famoso mariscal Hans von Kluge, jefe del Grupo de Ejércitos Centro en el Frente del Este. Tras repostar en Briansk volvió a su base y, en la siguiente semana, realizó en total ocho vuelos de escolta a distintos aparatos alemanes de observación y bombardeo.

En una de dichas salidas, el día 18 de julio, cuando escoltaba a un Focke Wulf Fw 189 consiguió el que sería el primer y único derribo de su carrera. Navarro había despegado en el aparato número 4 de la Escuadrilla junto a otros tres compañeros (Bengoechea, Arraiza y Arango), escoltando al avión teutón hasta que divisaron a un grupo de cazas rusos Lavochkin-Gorbunov-Gudkov LaGG-3 que se aproximaba peligrosamente. Bengoechea y Arango encabezaron el ataque por los extremos de la formación enemiga, con Arraiza y Navarro como puntos respectivos. Mientras Bengoechea derribaba a su oponente, el teniente Arango falló en su acometida y se le pegó por la cola un caza soviético que, según reconoció más tarde el mismo piloto español, con toda probabilidad hubiera conseguido abatirle de no haber sido por la brillante actuación de Navarro, que llegó desde arriba y acribilló al ruso con una certera ráfaga de sus ametralladoras y su cañón, consiguiendo incendiarlo y derribarlo en las inmediaciones de la aldea de Koselok. A pesar del testimonio de Arango, debido al estricto control que llevaban los alemanes para anotar las victorias aéreas de sus pilotos, este derribo no le fue confirmado a Navarro hasta que el día 27, cuando recibe el Comunicado nº 125 de la Segunda Escuadrilla Azul, rubricado por el capitán jefe de la unidad, don Manuel Bengoechea Menchaca, donde se le notifica que ha sido citado como “Distinguido” en el Diario de Operaciones tras la acreditación de su primera victoria aérea. Esto le valió además el ser condecorado por los alemanes con la Cruz de Hierro de Segunda Clase, cuya concesión fue firmada el 30 de julio por el mismísimo mariscal Robert Ritter von Greim, Comandante en Jefe de la Luftwaffe en el Este.

Pero mientras tanto Navarro continuaba con sus misiones, realizando alguna salida de alarma y diez vuelos de escolta antes de que finalizara el mes. Y siguió en la misma línea durante la primera semana de agosto, en la que se le ordenaron otras cuatro misiones de escolta de aparatos de observación alemanes. Fue entonces cuando encontró la muerte de forma trágica y absurda. En su última y fatídica misión, a las 16.00 horas del 7 de agosto de 1942, Navarro despegó en el aparato número 7  formando pareja con el teniente Andrés Robles Cebrián, con órdenes para escoltar a un Fw 189 en el sector de Mzensk. Durante el vuelo hacia las líneas rusas, los aparatos españoles tenían que realizar diversas maniobras que serían grabadas desde el avión alemán como parte del contenido de una película de propaganda. Cuando estaban terminando de ejecutar dichas maniobras, ya en las proximidades de la línea del frente, al realizar un viraje en el que estaba previsto que Navarro pasase bajo su compañero, su aparato embistió por la derecha y desde abajo al del teniente Robles, que pudo ver como el Messerschmitt del alférez se precipitaba hacia tierra, y aunque llegó a lanzar la cabina, no le dio tiempo a saltar del avión, que hizo explosión al estrellarse en las cercanías del poblado de Szergiyenskaye. Al parecer, las hélices del aparato de Robles había cortado el timón al de Navarro, dejándole sin control e iniciando un pronunciado picado que, dada la escasa altura a la que volaban, le impidió saltar a tiempo con su paracaídas.

Una pequeña representación de la Escuadrilla Azul se desplazó hasta el lugar de la tragedia, reconociendo el cadáver el capitán Bengoechea, que le retiró algunos efectos personales para enviárselos a la familia junto al resto de las pertenencias que tenía en Orel. El cuerpo fue enterrado al día siguiente en el cementerio de campaña de Woin, rindiéndole honores una compañía de tanquistas alemanes que estaba destacada en los alrededores. También se celebró una misa de campaña en su honor en el aeródromo de Orel, leyendo a continuación el comandante Salvador una Orden del Día que empezaba con estas emotivas palabras, plenas de significado: “Cuando lleno de espíritu e ilusiones marchaba hacia las líneas enemigas el alférez Navarro, un desgraciado accidente nos privó de tan magnífico oficial. Quiero hacer resaltar que ninguna vida mejor que la suya nos puede servir de ejemplo a los que por ser militares nos consagramos por entero a la Patria, y a los que ya desde hace tiempo luchamos por una España nueva. Es el ejemplo que al multiplicarse hará desaparecer de España luchas y odios….”

Pilotos de la Segunda Escuadrilla Azul en Rusia

En total, el alférez Navarro había realizado 29 misiones de guerra en el frente ruso, con casi 35 horas de vuelo y un derribo acreditado. Las dirigencias abiertas por la Jurisdicción Central Aérea en Madrid para investigar el accidente se cerraron el 21 de septiembre sin que se apreciase comisión de delito o falta por parte alguna y al retornar la Segunda Escuadrilla a España se aceleraron los trámites para la concesión de la Medalla Militar Individual a sus dos caídos: el capitán Noriega y el alférez Navarro. Dicho procedimiento culminó el 3 de junio de 1943, cuando el Boletín Oficial del Ministerio del Aire nº 66 publicó la concesión de dicha recompensa a ambos pilotos. El mismo día de dicha publicación, el Ministro del Aire en persona, hacía entrega a los padres de los dos héroes de la preciada condecoración en la Base Aérea de Getafe. En el caso de Navarro, este premio se vendría a unir a los muchos que ya había recibido y a otros que se le otorgarían tras su fallecimiento: dos Cruces de Guerra, tres Cruces Rojas al Mérito Militar, la Medalla de la Campaña 1936-39, la Medalla Conmemorativa de la Campaña de Rusia, la Orden del Aguila Alemana de Tercera Clase con Espadas, la Cruz del Mérito de Guerra Italiana, el Distintivo Alemán de Piloto, la Cruz de Hierro de Segunda Clase y la Medalla Conmemorativa alemana para los Voluntarios Españoles en la Lucha contra el Bolchevismo.

Desconocemos el motivo por el cual en en la gran mayoría de los artículos y libros monográficos publicados hasta la fecha sobre las Escuadrillas Azules, así como en las páginas específicas que sobre los pilotos españoles de la Luftwaffe existen en Internet, no se recoge en el listado de victorias españolas el derribo conseguido por Navarro, ni tampoco la concesión de su Cruz de Hierro. Tan sólo el magnífico y documentado trabajo de Jorge Fernández-Copel (La Escuadrilla Azul, La Esfera de los Libros. Madrid, 2006), sirve de excepción a esa triste omisión, pues incluye incluso una narración de la victoria de nuestro alférez.

Sirva pues este pequeño homenaje que le rendimos a Don Antonio Navarro Pérez para reivindicar la figura de tan ejemplar soldado español, del que en el momento de su muerte se dijo que “su vida, su valor, su afición y su espíritu serían ejemplo palpable en el que aprenderían todos los españoles”.

Cruz de Hierro de Segunda Clase obtenida por el Alférez Antonio Navarro Pérez en Rusia

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