La Legión Cóndor

Por Gregorio Torres Gallego. Extracto del artículo aparecido en la Enciclopedia Segunda Guerra Mundial 1939-1945, Diario El Mundo. 2009

Estandarte de la Legión Cóndor entregado por el Caudillo a la unidad al finalizar la contienda

Tras el alzamiento contra el Frente Popular, el día 23 de julio de 1936 Franco remitió a Berlín una carta solicitando aviones de transporte para trasladar a sus veteranas tropas del ejército de África hasta Sevilla. Sería el almirante Canaris, el jefe del Servicio de Inteligencia alemán, quien intermediaría decisivamente ante Hitler para que le fueran enviados 20 trimotores de transporte Junkers Ju-52/3m, seis cazas Heinkel He-51 y veinte cañones antiaéreos de 20 mm. A las motivaciones estrictamente políticas se unió el interés de Göring por testar en condiciones reales de combate las armas con que estaba equipando a sus nuevas fuerzas aéreas y, más tarde, se analizarían también las ventajas económicas que se pensaban extraer de este apoyo.

El 28 de julio partirían hacia Tetuán los primeros aviones alemanes, iniciándose de inmediato el primer puente aéreo que registra la historia. Un total de 12.500 legionarios y regulares, con 143 toneladas de pertrechos y 35 piezas de artillería, serían transportados a Sevilla en grupos de hasta cuarenta hombres por aparato. Mientras tanto, desde Hamburgo zarpaba con rumbo a Cádiz el “Usaramo”, un barco de carga donde viajaban un total de 86 militares germanos. En sus bodegas viajaban también los seis cazas prometidos, los veinte antiaéreos, municiones y recambios. Los soldados alemanes procedían todos ellos de la Luftwaffe, que marchaban a España como turistas.

Transformados los Junkers Ju-52/3m en bombarderos improvisados, entre sus primeras misiones se registró el ataque al acorazado republicano “Jaime I”, que resultó averiado, y el lanzamiento de vituallas a los defensores del Alcázar de Toledo. Estos aparatos siguieron realizando incursiones sobre las posiciones republicanas en el centro de la Península, atacando Toledo, el aeropuerto de Barajas, el Ministerio de la Guerra y la línea ferroviaria que partía desde la capital hacia el oeste. Paralelamente, los pilotos alemanes de los Heinkel He-51 eran autorizados a participar sin restricciones en los combates y, el 3 de septiembre, habían abatido ya a seis aviones enemigos en Andalucía.

Soldados marroquíes del ejército de Africa del general Franco embarcan en Tetuán en un Junkers Ju 52/3m para ser trasladados hasta Sevilla durante el verano de 1936. Los primeros aparatos de la Cóndor sirvieron para montar el primer gran puente aéreo de la historia

Sólo durante los cuatro primeros meses de guerra, los republicanos adquirieron 300 aviones, más de 50 tanques, 50 baterías de artillería, 3000 ametralladoras y al menos 100.000 fusiles. Los nacionales, que no disponían como sus oponentes de las reservas de oro del Banco de España, sólo consiguieron en ese mismo periodo de tiempo 80 aviones,  30 carros ligeros, 15 baterías de cañones y los 20 antiaéreos alemanes de 20 mm.

Tras una visita del coronel Walther Warlimont, enviado especial del Hitler, se creó un cuerpo expedicionario alemán de tropas terrestres, el Gruppe Imker, con el objetivo prioritario de adiestrar a los combatientes nacionales. Esta agrupación quedaría encuadrad también en la Legion Condor. Además fueron remitidos urgentemente 20 cañones antiaéreos pesados de 88 mm y una escuadrilla de aviones de reconocimiento.

Canaris en persona se desplazó a Salamanca para entrevistarse con el Caudillo en octubre. Como jefe del Servicio de Inteligencia alemán, conocía a la perfección el volumen de la ayuda recibida por la República, así como la llegada inminente de las Brigadas Internacionales, en las cuales, irónicamente, combatirían también cientos de alemanes exiliados. Convencido por Canaris, Hitler dio órdenes para el envío a España de todo un cuerpo aéreo, compuesto por tres escuadrillas de bombarderos equipados con Junkers Ju-52/3m, otras tres de cazas Heinkel He-51, un ala de reconocimiento con veinte Heinkel He-70, seis baterías antiaéreas (cuatro de ellas pesadas) y unidades de transmisiones y transporte. Al mando de este destacamento expedicionario se situó el general Hugo Sperrle. En noviembre de 1936 cinco grandes navíos habían desembarcado ya en España a más de 4.500 hombres que, sumados a los que ya estaban en nuestro país totalizaban unos 5.000 combatientes.

Este cuerpo aéreo secreto fue denominado oficialmente Geschwader 88, siendo luego el grupo de bombarderos identificado como K/88 ó Kampfgruppe 88; el de cazas como J/88 ó Jagdgruppe 88; el de reconocimiento como A/88 ó Aufklärungsgruppe 88 y el batallón antiaéreo como F/88 ó Flak-Abteilung 88. Fue ya en España donde los propios expedicionarios empezaron a referirse a su unidad con el nombre informal de Legion Condor. El éxito de este bautismo fue tal que los propios documentos oficiales de la Wehrmacht pronto empezaron a utilizar esa denominación  en clave. En el organigrama del Ejército Nacional los alemanes figurarían como una unidad de la legión integrada por voluntarios extranjeros. Tenían sus propios uniformes y un sistema de graduación particular, lo que contribuyó a rodearles de una aureola elitista que despertaba profunda admiración entre sus compañeros de armas españoles. Se estableció asimismo un turno de rotaciones mediante el cual cada legionario permanecería en España solamente nueve meses. A pesar de los movimientos incesantes de sus fuerzas, que tuvieron bases en toda la península, la ciudad de León se convirtió en “sede oficial” de la Condor.

La tripulación del un bombardero alemán Heinkel He 111 se dispone a embarcar. Obsérvese el emblema de la Kampfgeschwader 88 de la Legión Cóndor dibujado en el morro del aparato

Tras el envío de aviones rusos de última generación para la aviación republicana, llegaron también desde Alemania modelos más modernos, como el Heinkel He-111B o el Messerschmitt Bf-109B, con los que se afrontaron con gran solvencia las misiones destinadas a apoyar la conquista de la cornisa cantábrica. Así, la Legion Condor fue requerida para arrasar las posiciones defensivas del llamado cinturón de hierro bilbaíno y los bombardeos de Durango y Guernica, en abril de 1937, permitieron a los alemanes extraer interesantes enseñanzas sobre bombardeos masivos. Tras una breve interrupción en la campaña del norte, motivada por la ofensiva de distracción lanzada por las fuerzas republicanas en Brunete, que exigió el envío inmediato de los aparatos germanos a Madrid, las operaciones en las provincias cantábricas se reanudaron con el apoyo a la ocupación de Santander. Después, ya entrado el otoño de 1937, se llevaron ejecutaron duros bombardeos sobre Villaviciosa, Cangas de Onís, y Gijón.

Unos días después se produjo el primer cambio de jefe de los expedicionarios, dejando Hugo Sperrle su puesto al general Helmuth Volkmann.

Se estaban librando los duros combates del frente de Teruel, cuando Canaris viajó de nuevo a España, trayendo bajo el brazo nuevos aparatos como los bombarderos en picado Junkers Ju-87 “Stuka”. Tras la reconquista de Teruel, tuvo lugar la batalla de Belchite y el avance de las tropas de Franco hacia el Mediterráneo, donde los aviones alemanes y las compañías acorazadas del Gruppe Imker jugaron un papel destacado. Dada la importancia otorgada a esta operación, el estado mayor de la Condor se trasladó a la cercana localidad de Baños de Fitero. Sin pausa alguna, después de los duros combates de Aragón, todos los cazas de la Condor que permanecían operativos fueron trasladados al aeródromo de La Cenia, junto a la desembocadura del Ebro, donde también se dieron cita una parte de sus Heinkel  He-111. De la misma forma el estado mayor se acercó a la costa castellonense, situándose en Benicarló. La idea era posicionar a los principales efectivos alemanes en un punto equidistante de Valencia y Barcelona, para poder así atacar indistintamente en ambas direcciones.

Pero las fuerzas del cuerpo expedicionario se hallaban exhaustas y la ofensiva republicana en el Ebro, que comenzó el 25 de julio de 1938, cogió a los alemanes en su momento más bajo de forma. No obstante, sus aviadores se emplearon a fondo atacando a baja altura los puentes de pontones y las líneas de abastecimiento de los asaltantes, y la llegada de los nuevos Messerschmitt Bf-109C y Bf-109D les otorgaron nueva ventaja en el aire.

Aun no había acabado esta gran batalla cuando el general Volkmann era sustituido por von Richthofen al mando de la Condor. El nuevo jefe del cuerpo expedicionario alemán viajó a Berlín a solicitar refuerzos, que llegaron justo a tiempo para romper el equilibrio de fuerzas que existía en la zona del Ebro.

También fue trascendental el papel jugado por los germanos durante la ofensiva de Cataluña, bombardeando las bases republicanas de Reus, Valls, Figueras y Villafranca del Penedés. Las fuerzas de la Condor, que contaban con unos 120 aparatos, se dividieron entonces operativamente en dos grupos, uno de los cuales tendría como misión el apoyo al Cuerpo Marroquí, que se desplazaría bordeando la costa, mientras que el otro cubriría el avance de las divisiones navarras, que se dirigirían directas hacia Barcelona desde el sur de Lérida.

El 21 de febrero se organizó en Barcelona un fastuoso desfile de las victoriosas tropas nacionales, en el cual, por primera vez, habrían de presentarse al mundo abiertamente los legionarios alemanes.

Mientras los republicanos se desangraban en luchas fratricidas, la Legion Condor pudo concentrar a casi todos sus aparatos en torno a Madrid y apoyó con gran contundencia y precisión la ofensiva que habría de lanzarse para conquistar la capital.  El 30 de marzo caía también Valencia y, el 1 de abril, Franco firmaba el famoso parte donde daba por concluida la guerra.

Los soldados alemanes recibieron el tratamiento de héroes en su conjunto, tanto en España como en el Reich. Tras el gran homenaje que les fue dispensado en León, el 12 de mayo los efectivos de la Condor vistieron sus mejores galas y formaron en el aeropuerto de Barajas junto con sus compañeros de armas italianos y españoles. Franco en persona acudiría a rendirles tributo, otorgándoles abundantes condecoraciones. Una semana después, los alemanes participaron también en el gran “Desfile de la Victoria”.

El abanderado de la Legión Cóndor fotografiado con el estandarte entregado a la unidad por el generalísimo Franco durante la parada militar celebrada en Barajas el 12 de mayo de 1939. Véase la condecoración española prendida sobre su pecho

Días más tarde, un total de 4.770 hombres embarcaron en Vigo a bordo de cinco transatlánticos. El viaje fue un auténtico crucero de placer y, al llegar a Hamburgo, fueron recibidos por una enfervorecida multitud. Tras su apoteósico recibimiento se trasladaron a las inmediaciones de Berlín, donde fueron visitados por numerosas personalidades del Tercer Reich. Más de 12.000 hombres que habían pasado por España en anteriores rotaciones se unieron allí también a los recién llegados y, el 6 de julio, se celebró en la capital el desfile triunfal presidido por Hitler y todos sus jefes militares. Marcharon ante el Führer un total de 18.558 excombatientes, entre los cuales figuraban los marineros que habían participado en acciones de guerra en aguas hispanas, recibiendo todos las nuevas condecoraciones creadas especialmente para ellos.

Publicado en Historia.