La Batalla de Inglaterra

Por Gregorio Torres Gallego. Extraído de la obra Diccionario del Tercer Reich, Tikal Ediciones Susaeta. Madrid, 2008.

En el verano de 1940, como requisito indispensable para que se pudiera ejecutar la Operación León Marino, la Luftwaffe tenía que garantizar a la flota de desembarco alemana que ni la RAF (Royal Air Force o Real Fuerza Aérea) ni la poderosa armada británica interferirían el cruce del Canal de la Mancha. La lucha comenzó en el mes de julio, teniendo los alemanes como únicas ventajas su superioridad numérica y una mejor preparación de sus pilotos. Pero las máquinas estaban muy igualadas en cuanto a prestaciones y los ingleses tenían la fortuna de disponer de radar y de luchar sobre su propio territorio, con lo que sus aparatos podían permanecer mucho más tiempo en el aire y, en caso de ser abatidos, sus tripulantes podían volver a la lucha de inmediato. La Luftwaffe comenzó por tantear las defensas inglesas atacando objetivos navales, lanzando su primer gran asalto el día 13 de agosto de 1940 (el “Día del Aguila”). Los bombarderos alemanes atacaron estaciones de radar, aeródromos, puertos e industrias, mientras la reforzada caza británica, dirigida por el radar, entorpecía sus operaciones causándole severas bajas. Por ello, en los días siguientes los ataques se concentraron en las instalaciones de la RAF, que a punto estuvo de sucumbir ante el empuje germano. Pero después de que los británicos decidiesen lanzar varias operaciones de bombardeo indiscriminado sobre Berlín, iniciando en la II Guerra Mundial las campañas de ataques aéreos terroristas sobre la población civil,  Göring ordena a la Luftwaffe abandonar sus objetivos militares y concentrarse en el bombardeo de las ciudades británicas a partir del 4 de septiembre. Este error le costó caro. El respiro dado a la RAF permitió a sus escuadrillas de caza recuperarse, y los graves daños infligidos a las ciudades británicas no tuvieron otras consecuencias que el fortalecer el espíritu combativo de los ingleses. Ante las numerosas bajas sufridas por sus escuadrones de bombarderos, Göring decidió de nuevo cambiar de estrategia y dio prioridad a los ataques nocturnos, que se prolongaron hasta el mes de mayo de 1941, convirtiendo en ruinas muchas localidades británicas pero sin conseguir doblegar la resistencia inglesa. Aunque estos combates siempre se han considerado una gran derrota alemana, si bien es cierto que Göring no pudo cumplir su promesa de aplastar a la RAF y los alemanes perdieron en los combates aéreos disputados entre el 10 de julio y el 31 de octubre de 1940 un total de 1.733 aparatos frente a 1.479 británicos (de ellos 915 cazas), la verdad es que la Luftwaffe había conseguido el dominio casi total de los cielos del Canal durante tiempo suficiente para que la flota de desembarco, de haber estado preparada, hubiese podido llegar a Inglaterra sin serios obstáculos. El problema es que Hitler y sus colaboradores del Ejército de Tierra y de la Kriegsmarine no se tomaron en serio la implementación de los planes para que las tropas alemanas cruzasen el Canal de la Mancha en tan corto plazo de tiempo, por lo que el esfuerzo desplegado por la Luftwaffe, incluso en el caso de haber conseguido un fruto aún mejor, no hubiera tenido una repercusión decisiva para el desenlace de la contienda.

El mariscal del Aire Herman Göring, diseñador de la estrategia seguida por la Luftwaffe durante los ataques aéreos sobre Gran Bretaña en 1940

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