La 7ª Flotilla de U-boote

Por Gregorio Torres Gallego. Extracto publicado en la obra Segunda Guerra Mundial, Claves de la mayor contienda de la Historia. Biblioteca Diario El Mundo. Madrid 2009

La 7ª Flotilla fue sin duda la más exitosa y popular de todas las unidades de submarinos alemanes de la II Guerra Mundial. Sus hombres y sus máquinas sembraron el terror en los mares durante todos los años que duró la contienda, convirtiéndose en un enemigo temible para sus rivales. 

La escuadra de submarinos alemanes “7. U-Flottille”, denominación abreviada de la 7. Unterseebootsflottille (7ª Flotilla de submarinos) quedó constituida en Kiel el 25 de junio de 1938. Ostentaba el nombre honorífico de “Flotilla Wegener”, que procedía del apellido de un comandante de submarinos de la I Guerra Mundial que hundió 29 buques enemigos antes de ser asesinado a sangre fría por sus captores británicos. La flotilla se componía en principio de tan sólo seis buques del tipo U-VIIB, acompañados de su correspondiente escalón logístico y administrativo. Su primer jefe fue el capitán de corbeta Hans-Ernst Sobe.

Considerada desde sus inicios como una flotilla de élite, por sus filas pasaron 114 sumergibles, así como muchos de los principales ases de los U-boote, como Günther Prien o Herbert Schultze. Por ello fue elegida para dar alguno de los golpes de mano más impresionantes de cuantos protagonizaron los submarinos durante la contienda, como la incursión del “U-47” en la base británica de Scapa Flow, que acabó con el hundimiento del acorazado Royal Oak con más de setecientos tripulantes a bordo.

Antes de la II Guerra Mundial, algunos de submarinos de la “Wegener” apoyaron a la armada de Franco durante los últimos meses de la Guerra Civil Española pero, cuando estalló el conflicto armado contra Gran Bretaña y Francia, la flotilla tan sólo tenía dos naves operativas, aunque recibiría diez nuevos sumergibles en los meses siguientes. En la primeros mitad de 1940 sufrió la pérdida de cinco de sus naves en las misiones que se le encomendaron en el mar del Norte y, llegado el otoño de ese mismo año, la unidad fue trasladada al puerto francés de Saint Nazaire, cambiando entonces su denominación oficial por la de 7-U-Flottille.

Esto supuso disponer de una magnífica base, abierta al Atlántico norte pero perfectamente protegida contra las incursiones de los bombarderos aliados por impresionantes refugios de hormigón armado. Desde este puerto, al mando de expertos como Hans Rudolf Rösing, Herbert Schultze, Herbert Sohler, o Adolf Piening, la flotilla llevaría a cabo una feroz campaña durante tres años contra los mercantes aliados que partían o se dirigían a las islas Británicas, para asolar también las aguas más próximas a América una vez que los Estados Unidos entraron en la contienda. Tampoco faltaron incursiones en el Mediterráneo, en el Atlántico Sur, e incluso en el océano Indico. Practicando ejemplarmente la “táctica de las manadas de lobos” ideada por el almirante Dönitz, los buques de la 7-Flottille hundieron cientos de mercantes  y buques de guerra enemigos como los portaviones “Eagle”, “Ark Royal” y “Couragenous” o el acorazado “Barham”.

Pero las mejoras de las cargas de profundidad y de los aparatos de detección antisubmarinos, el fortalecimiento de las fuerzas de escolta de los convoyes navales y la creciente presión que ejercieron desde el aire los aparatos de la aviación naval aliada conllevaron que las bajas en la flotilla se disparasen a partir de junio de 1943. El golfo de Vizcaya, se convirtió en un auténtico cementerio de submarinos y, de 29 buques que tenía la flotilla en abril de 1943, pasó a disponer de tan sólo 16 un año más tarde, a pesar de que no dejaron de llegar nuevas naves y tripulaciones para cubrir las bajas sufridas.

La guinda a este desastroso pastel la puso la reconquista de Francia por los aliados. En septiembre de 1944 salió de Saint Nazaire el último de los submarinos alemanes, cuando ya las tropas norteamericanas sitiaban la base. La mayoría de las fuerzas adscritas al escalón de apoyo de la 7-Flottille permanecería combatiendo en este puerto sin rendirse hasta que acabó la guerra ocho meses más tarde.

Mientras tanto, los submarinos supervivientes se dirigieron hacia Noruega y pasaron a integrarse en las flotillas que allí tenían sus bases operativas, quedando así disuelta la unidad que tanto terror había sembrado entre las marinas de sus adversarios durante la batalla del Atlántico.

  1. El “U-47” al mando de Günther Prien vuelve a Kiel después de haber hundido al Royal Oak. Pintada en su torre podemos ver el emblema del buque: una vaca loca. Dicho emblema fue adoptado por el conjunto de la 7. U-Flottille tras su traslado a Saint Nazaire.

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