El Frente Alemán del Trabajo DAF

Por Gregorio Torres Gallego. Extracto publicado en la obra Segunda Guerra Mundial, Claves de la mayor contienda de la Historia. Biblioteca Diario El Mundo. Madrid 2009

El Deutsche Arbeitsfront (DAF o Frente Alemán del Trabajo) fue desde mayo de 1933 y hasta el final de la II Guerra Mundial la única fuerza sindical permitida en Alemania.

Tan sólo tres meses después de que Hitler fuese nombrado canciller, y coincidiendo con la celebración de la Fiesta del Trabajo de 1933, se publicó un decreto mediante el cual quedaban suprimidos todas las agrupaciones sindicales de trabajadores. Por aquellas fechas existían ya dos entidades nazis, el NSBO o la NS-Hago, que agrupaban por un lado a los obreros y por otro a los pequeños comerciantes y artesanos del Reich pero, en lugar de ampliar el rango de una o de ambas formaciones, Hitler decidió crear un gran sindicato vertical que agrupase tanto a los trabajadores como a la patronal, quedando instituido el 10 de mayo el DAF. Sólo los empleados públicos, que tuvieron su propia asociación, quedaron al margen de esta nueva entidad. Robert Ley, Jefe de Organización del NSDAP, se situó a la cabeza de DAF desde el principio, sin abandonar su cargo hasta el final de la contienda.

Robert Ley, máximo responsable del DAF

El Frente Alemán del Trabajo, erigido en representante exclusivo de trabajadores y empresarios y como único interlocutor reconocido por el estado para tratar asuntos laborales, se apropió de instalaciones y recursos de las agrupaciones de obreros que habían quedado ilegalizadas, recibiendo una atención prioritaria por parte de un régimen y de un partido que no querían perder el apelativo de “socialista”, del que siempre haría gala. Así, el crecimiento del nuevo sindicato fue rápido y sostenido, siendo obligatoria la afiliación al mismo y el pago de la cuota correspondiente.

Tras absorber al NSBO y a la agrupación de pequeños empresarios NS-Hago, el DAF acabó por convertirse en la más rica y numerosa organización del partido nazi, con 25 millones de afiliados. Se dotó también de una rama bautizada como Kraft durch Freude (Fuerza a través de la Alegría o KdF) cuyo objetivo prioritario fue la planificación  de actividades de ocio y tiempo libre para que los trabajadores ocupasen de la mejor manera posible sus vacaciones y fines de semana. Hubo otro departamento llamado Schönheit der Arbeit (Belleza del Trabajo) que fomentaba que las empresas mejorasen el ambiente en el que tenían que desenvolverse los obreros. El DAF también instituyó numerosos premios para los trabajadores más productivos e incluso se organizaron grandes competiciones estatales para jóvenes aprendices, en cuya celebración colaboraba  la Juventud Hitleriana.

El mayor escollo para su implantación se encontró precisamente en la organización obrera nacionalsocialista NSBO, que representaba en cierta medida al ala más revolucionaría del partido. Desde el principio, los líderes de esta entidad pretendieron controlar el Frente Alemán del Trabajo y heredar la actividad reivindicativa y negociadora tradicionalmente desarrollada por los sindicatos germanos pero, acuciado por los grandes industriales, el Führer se inclinó por la estabilidad y el monolitismo y anuló la influencia que habían conseguido los sindicalistas radicales nazis, decretando que la organización de Robert Ley sólo se ocuparía del adoctrinamiento, del encuadramiento de sus afiliados y otros temas menores, quedando en manos de delegados del gobierno todo lo relativo a las grandes negociaciones salariales y laborales. Para resolver cuestiones de segunda categoría en cada centro de trabajo se creaba un consejo formado por el patrono y algunos obreros, en los que el empresario tendría siempre la última palabra.

Desfile de afiliados al DAF durante la Fiesta del Trabajo celebrada el 1 de mayo de 1934

Con esta ambigua política, hay que reconocer que durante el Tercer Reich las condiciones laborales mejoraron verdaderamente y los sueldos, después de unos primeros años de estancamiento, subieron a un ritmo acelerado, desapareciendo el desempleo.

Debido a esta gran capacidad de influencia, en pocos años el sindicato nazi controlaría un gran emporio económico que incluía bancos, compañías de seguros, agencias de viaje, una flota de transatlánticos, editoriales, inmobiliarias que construían casas baratas y un sinfín de empresas similares, empleando a casi 50.000 empleados, convirtiéndose así en uno de los mejores escaparates del régimen nacionalsocialista.

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