Chapa de Identificación de la División Azul

Por Gregorio Torres Gallego. Extraído de la obra Militaria de la División Azul, Galland Books, Valladolid, 2009.

Igual que todos y cada uno de los integrantes de las Fuerzas Armadas alemanas, incluyendo a las Waffen SS y las demás organizaciones uniformadas que prestaban habitualmente sus servicios en los territorios ocupados, tanto en el frente como en la retaguardia, los combatientes españoles de la División y la Escuadrilla Azul, usaron una placa de identificación metálica, de forma ovalada, con tres ranuras en su eje mayor y con orificios en los dos extremos de su eje menor. Las ranuras debilitaban la estructura de la chapa y permitían dividirla en dos mitades en caso de que su portador muriese, dejando una mitad prendida del cadáver, para hacer posible siempre su identificación, mientras que la otra mitad, en la que figuraban exactamente las mismas claves alfanuméricas, era entregada a los oficiales o a la policía militar, que se encargaban de dar parte de la defunción a efectos de que se efectuaran los trámites correspondientes. Los orificios servían lógicamente para colgar con facilidad las placas sobre el pecho del combatiente, o bien para portar también dentro de un cordón las mitades retiradas de los cadáveres.

Todas estas placas de identificación (Erkennungsmarken en idioma alemán) solían estar fabricadas en chapas ovaladas muy finas, de aleaciones ricas en aluminio y, posteriormente,  zinc, con unas medidas aproximadas de 50 por 70 milímetros y un peso de 18 gramos, con la excepción de las que usaron los hombres de la Marina de Guerra, que estaban fabricadas en aluminio dorado y medían 32 por 50 milímetros.

En las chapas no figuraba el nombre del soldado, sino que lo habitual era que llevaran una alusión en forma de siglas que identificara la unidad en la que éste servía, yendo acompañada del número atribuido a cada hombre dentro de la citada unidad.

Como ya hemos dicho, el contingente español alistado para ayudar a los alemanes en la campaña contra la Unión Soviética no fue ninguna excepción. A sus componentes se les entregó el mismo tipo de placa de identificación que al resto de los soldados del Ejército de Tierra alemán, fabricadas siempre en zinc, si bien, lógicamente, la inscripción que figuraba en la chapa les catalogaba nítidamente como combatientes adscritos a dicha unidad.

Bolsita de cuero para llevar la chapa de identidad sin que esté en contacto con la piel de su portador

Así, en todas las chapas de la Blau figuraba en primer lugar el número de orden al que nos hemos referido. Cada voluntario tenía asignado el suyo dentro de la unidad a la que correspondiese, disponiéndose en el Estado Mayor y en las Pagadurías de cada unidad del listado de correspondencias entre dichos números y los nombres de los soldados, que se confeccionaron en los cuarteles de Grafenwöhr y Hof. También a las autoridades militares alemanas se les entregó una copia de dichos listados, que acabó perdiéndose durante la contienda.

A continuación figuraban las inscripciones “Span. Div.”, acrónimo de las palabras alemanas “Spanische Division”, cuyo significado es División Española, o bien “Ers. Span. Div. 250” (“Ersatz Spanische Division 250”), que viene a significar “Reemplazo de la División Española 250”.

En una tercera línea, y sólo en las chapas de los componentes del primer contingente enviado a Rusia, aparecía grabada otra inscripción alfanumérica que identificaba, abreviadamente y siempre en idioma alemán, la unidad a la que pertenecían dentro de la Blau. Así por ejemplo, “1/J.R.269” indica que la placa perteneció a un miembro de la 1ª Compañía del Regimiento de Infantería 269, o la inscripción “2/A.R 250” implica la pertenencia a la 2ª Batería del Regimiento de Artillería 250. Algunas otras abreviaturas que debemos conocer para una rápida identificación de las unidades que se repiten frecuentemente en las chapas españolas son las de “Stb” o “Stbs” que implica pertenencia a Plana Mayor; “Feldgend” de Policía Militar; “Pz.JG” de Antitanques; “J.G.Kp” de las Compañías de Cañones de los Regimientos de Infantería; “A.A.” del Grupo de Reconocimiento Ciclista; “Pi” de Ingenieros; “Na” de Transmisiones; “Span.Ers.Bat” del Batallón de Reserva Móvil 250; “San” de las Compañías de Sanidad; “Vet” de Veterinarios y “Nachsch.Fhr.” de Parque de Automóviles. (1)

Por último, también solía aparecer en las placas el grupo sanguíneo de su portador, aunque no siempre.

Como el reparto de placas se hacía al entregarse a los voluntarios el uniforme y el equipo alemán en los campamentos bávaros ya mencionados, al primer contingente de divisionarios fue posible grabarle en la placa la unidad a la que habían sido destinados. Ello no ocurriría así con los batallones de reemplazo que a partir de 1942 y hasta el otoño de 1943 fueron llegando de España. Como dichos contingentes de reemplazo se enviaban al frente para cubrir bajas de caídos, heridos, enfermos y repatriados, se desconocía en el momento de entregarles su equipo y su placa la unidad exacta a la que iban ir destinados, y fue por ello que en la chapa de identificación se hizo constar tan sólo un número de orden y la ya referida inscripción “Ers. Span. Div. 250

Las dos mitades llevaban exactamente el mismo texto, escrito en la misma dirección. Muchas copias modernas muy conseguidas han aparecido entre los años 2000 y 2010 con el texto escrito en una dirección distinta en cada mitad.

Según la reglamentación alemana, las placas había que portarlas colgadas del cuello. Debido a la incomodidad que ello producía, sobre todo cuando las gélidas temperaturas del invierno ruso hicieron muy desagradable el continuo contacto con la piel del metal, muchísimos divisionarios compraron o se fabricaron artesanalmente unas pequeñas bolsitas de piel que colocaron alrededor de sus chapas, de la misma forma que hacían los alemanes.  Lo que sí constituyó una peculiaridad entre los españoles fue el colocar las chapas en la muñeca, a modo de pulsera. Muchas de las placas que han llegado hasta nosotros han sido recortadas en sus extremos y, a veces, incluso se les han practicado orificios suplementarios por donde se insertaba una cadenita o un cordón, para poder llevarlas más cómodamente a modo de pulsera. Desconocemos si ya en el frente se estableció esta “moda”, cosa que dudamos, o fue al regreso a España cuando los divisionarios que pudieron conservar sus placas decidieron lucirlas de esta guisa.

Chapa de identidad recortada para ser portada en la muñeca

Como dicha placa se consideraba parte del equipo prestado por el gobierno alemán a los españoles, al ser licenciados debían devolverla, recibiendo una certificación acreditativa de dicha entrega, aunque muchos, sobre todo suboficiales, oficiales y jefes, consiguieron retenerla y traérsela como recuerdo a casa.

Lamentablemente casi la totalidad de los listados de correspondencias entre los nombres de divisionarios y sus chapas de identificación se extraviaron ya en nuestro país en los años posteriores a la repatriación de los voluntarios. Las consecuencias que ello ha tenido han sido trascendentales, ya que han impedido la correcta identificación de muchos de los cadáveres que se han ido recuperando en los antiguos cementerios militares de la Unión Soviética, y ello a pesar de que entre los restos se hayan encontrado incólumes sus correspondientes chapas.

Como curiosidad diremos que aún hoy, en el Archivo Militar de Avila, se conservan los expedientes de casi todos los caídos españoles en el Frente del Este, conservándose entre sus páginas, en muchos casos, la mitad de la placa retirada del cuerpo sin vida de su antiguo propietario.

[1] Existe un listado muy completo de las abreviaturas que podemos encontrar en las chapas de identificación divisionarias, indicando expresamente a qué unidad correspondía cada una, en el magnífico artículo de Angel González Pinilla titulado La placa de identificación de la División Azul (Revista Eurouniformes Nº27 pp. 28-33)

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