Allach. La fábrica de porcelana de las SS

Por Gregorio Torres Gallego. Extracto del artículo publicado en la Revista Española de Historia Militar nº 79/80. Enero- febrero 2007.

01

Todo el mundo sabe que las SS fueron las encargadas de gestionar los campos de concentración, la policía política nazi e incluso varias divisiones de élite que combatieron con lucimiento en la Segunda Guerra Mundial. Lo que ya no resulta tan conocido es que también tuvieron bajo su control una prestigiosa fábrica de… ¡figuritas de porcelana!. 

Los inicios de la fábrica de Allach

Dentro del ideario nacionalsocialista era importante el papel que en la educación del individuo tenía que jugar el arte. Para él, lo mismo que para el propio Hitler, el arte debía ayudar a divulgar el misticismo ario, los elementos diferenciadores de la cultura germana y la historia de Alemania en su camino hacia el “Reich de los Mil Años”. Esta fue la esencia y el principio motor del llamado Deutscher Stil (Estilo Alemán), el movimiento artístico impulsado por el gobierno nazi para hacer frente a los que ellos consideraban “arte degenerado”. Con un argumento que se encuadraba en las teorías más sociales y populistas del nacionalsocialismo, Himmler llegó a la conclusión de que las obras de arte tenían que salir de los museos y estar presentes en todos los hogares del país. Analizando el caso concreto de la escultura, pensó que la única posibilidad de que esto ocurriera radicaba en la utilización de la porcelana como soporte básico. El Reichsführer no dudó en escribir “El arte tiene que estar presente en cada casa, pero ante todo en la casa de mis SS”, lo cual, según él incluía las cantinas de los militantes de los SS, de los soldados, e incluso de los obreros, “a fin de que el obrero alemán y el combatiente extraigan nuevas fuerzas en sus horas de reposo gracias a la armonía de su entorno”.1

No olvidemos además que en Alemania existía una gran tradición en lo que se refiere a la fabricación de porcelanas de gran calidad, siendo muy célebres y prestigiosas las manufacturas de Meissen, Berlín, Höchst, Frankenthal, Nymphenburg, Ludwigsburg, Fürstenberg, Dresde y Rosenthal.

Así, en el Boletín nº2 de las SS del año 1941 se decía expresamente que “no se fundó Allach con objetivo de ganar dinero, sino con la misión principal de, a partir de la materia más atractiva que existe, la porcelana, crear obras de arte y objetos de uso cotidiano correspondientes al espíritu de nuestra época2. De alguna forma, la pretensión de Himmler era seguir el ejemplo de muchos personajes importantes de la historia de Europa, que habían fundado o protegido fábricas de porcelana artística, como por ejemplo Federico I de Médici en Florencia, Luis XV y Madame Pompadour en Vicennes y Sevres, Augusto el Fuerte de Sajonia en Meissen, Federico el Grande de Prusia en Berlín, o Carlos III de España en Capodimonte y el Buen Retiro.

Hitler fue informado de estas intenciones y se mostró muy complacido con la idea, por lo que, a finales de 1934, los ayudantes del Reichsführer comenzaron a buscar algún pequeño negocio dedicado a la fabricación de loza o cerámica, que no resultase excesivamente caro y que, a ser posible estuviese situado cerca de Munich, donde las SS tenían su cuartel general. Tras descartar otras opciones, se adquirió finalmente una empresa situada en Allach, en las afueras de la capital bávara. En 1935 ya estaba siendo dirigida desde la Stab nº5, Kulturreferat (Sección Cultural) de la Persönlicher Stab RfSS (Plana Mayor del Reichsführer de las SS), siendo rebautizada como SS Porzellan-Manufaktur Allach-München GmbH. Esta sección estaba a cargo de un artista de cierto prestigio, Diebitsch, que tenía el rango de Obersturmbannführer de las SS. Diebitsch se dedicará durante años a la gestión de la fábrica y además llegará incluso a realizar algunos modelos para su producción en serie.

04

No obstante, se necesitaban más artistas y artesanos, y Diebitsch, con el dinero puesto a su disposición por Himmler, entró en contacto con aquellos profesionales de mayor prestigio que prestaban sus servicios en otras empresas de porcelana del país. Logró así contratar a los mejores, llevándose a Allach, por ejemplo, a los reputados ceramistas Röring y Forster y a los maestros Kärner y Fichter, que estaban trabajando por aquellas fechas para firmas ubicadas en Dresde. Himmler se reunió con Diebitsch y le pidió que la producción se centrara en el diseño de estatuillas y objetos decorativos, huyendo de temas tremendistas y buscando ante todo la dulzura y la belleza estética, desdeñándose por el momento la producción de vajillas y objetos de uso cotidiano.

Mano de obra forzada

Gracias a su extraordinaria calidad, a su magnífica relación calidad-precio y a una buena campaña de promoción, la producción creció tanto que se hizo necesario ampliar las instalaciones originales. Mientras se hacían las obras en la fábrica de Allach, en octubre de 1937 una gran parte de la cadena de producción se trasladó provisionalmente a la vecina población de Dachau, famosa por albergar el primero de los campos de concentración instalados por el régimen nazi. Las nuevas instalaciones se situaron exactamente en la Reichschatzmeister Schwarz-Platz de Dachau, donde permanecerán hasta finales de 1944, pues aunque las obras de Allach concluyeron en 1940 la producción de porcelana fina continuó realizándose en Dachau3.

Siempre que se habla de Allach surgen, inevitablemente, los comentarios acerca del uso masivo de mano de obra esclava en sus fábricas. Lo cierto es que, a partir de 1941, una plantilla media de cincuenta presos del campo de concentración vecino trabajó en las plantas de Allach y Dachau, llegando ese número a aproximarse al centenar de trabajadores en semanas muy concretas. Todos ellos eran presos políticos que realizaron con contadas excepciones tareas secundarias del proceso productivo, relacionadas sobre todo con la limpieza y el mantenimiento de las instalaciones y el empaquetado de las piezas. No se han encontrado, que sepamos nosotros, pruebas de la presencia de trabajadores judíos en estas factorías, aunque está muy extendida la leyenda de que fueron judíos del campo de Dachau quienes fueron los artífices de la extraordinaria calidad de las piezas marcadas con las runas de las SS.

Lo que sí sabemos con certeza es que la plantilla de trabajadores de Allach tuvo que ser ampliada en 1941 y, en sus últimos años, grupos de jóvenes de ambos sexos encuadrados en las organizaciones juveniles del partido nazi realizaron allí su prestación en el Reichsarbeitsdienst (RAD o Servicio Estatal del Trabajo). Así, aunque está demostrada la utilización de mano de obra forzada en Allach, debido a su papel siempre secundario y a su escasa proporción, los expertos no consideran a esta fábrica como una de las típicas empresas del imperio financiero de las SS forjado durante la guerra gracias al empleo masivo de esclavos del régimen nazi.

Pero la guerra también conllevó cambios en lo que se refiere a la gestión de la fábrica de Allach, que, como ya vimos, dependió durante varios años directamente de la Plana Mayor del Reichsführer SS. Junto con empresas como la Editorial Nordland o la compañía de aguas minerales Apollinaris Brunnen AG constituía las llamadas SS-Wirschaftsunternehmungen (actividades económicas de productividad limitada de las SS), pero en 1941, con Himmler ya centrado en la organización de los campos de exterminio y en la creación de las unidades de combate de las Waffen SS, pasó a formar parte de la gran corporación empresarial de las SS llamada Deutsche Wirtschaftsbetriebe GmbH (Empresas Económicas Alemanas S.A.). En marzo 1942 quedaría definitivamente encuadrada en la SS Wirtschafts- und Verwaltungshauptamt (WVHA u Oficina Central de Economía y Administración de las SS) que estaba a las órdenes del SS-Obergruppenführer Oswald Pohl. Allach dependerá concretamente del departamento Amtsgruppe W (Wirtschaft), dedicado específicamente a gestionar actividades empresariales, y dentro de él, de la oficina Amt 1, que agrupaba a las empresas de la corporación Deutsche Erd- und Steinwerke GmbH (Factorías Germanas de Arcilla y Piedra S.A.) y era gerenciada por el SS-Obersturmbannführer Karl Mummenthey. En el Amt 1 la firma de Allach se situó en la sección nº3, dedicada a la fabricación de lozas y porcelanas, junto con la Bohemia Keramische Werke AG y la Porag Porzellan-Radiatoren GmbH. 4

Hay que decir que, para aprovechar la experiencia adquirida en este ámbito y para explotar el triunfo comercial alcanzado por las porcelanas de las SS, Himmler montará en 1940, ya con un fin más lucrativo, otra fábrica de loza y cerámica en la región de Bohemia, en la actual República Checa, a la que dio el nombre de Bohemia Keramische Werke.

La calidad como marca

Aunque los planes para abrir una red de tiendas de cerámica de Allach por toda Alemania se vieron frustrados por la guerra, desde finales de los años treinta existía un establecimiento de exposición y venta en la céntrica Hermann Göringstrasse de Berlín. Para facilitar la comercialización en el resto del estado alemán, se fueron editando sucesivos catálogos ilustrados, de unas cincuenta páginas, que se entregaban a tiendas colaboradoras de todo el país.

El catálogo de 1938-39 incluía ya casi doscientos cincuenta modelos distintos de estatuillas de diversos tamaños, platos conmemorativos con bajorrelieves e inscripciones, jarrones, floreros, candelabros y reproducciones de piezas arqueológicas pertenecientes a los antiguos pueblos germánicos. Las figuritas representaban sobre todo animales, temas mitológicos (la diosa Atenea, duendes, valquirias), trajes regionales alemanes, personajes históricos (Federico de Prusia, reyes germanos), soldados de época, temas nazis (portaestandarte, oficial de las SS a caballo), e incluso deportistas (atletas, esgrimista). Con fecha más tardía se produjeron también vajillas de extraordinaria calidad y otras elaboradas en loza más simple.

Por otros motivos, tuvieron también importancia especial las piezas que reproducían piezas halladas en yacimientos arqueológicos de dentro y fuera de Alemania, la mayoría de las cuales estaban decoradas con runas o esvásticas. Allach se convertiría así en “el puente que uniría las creaciones naturales de nuestros antepasados con el sentimiento artístico actual5.

14

La mayor parte de las piezas se comercializaban sin decoración cromática, aunque hubo series completas coloreadas, como las dedicadas a los trajes regionales y a los soldados antiguos. Lo normal es que las piezas luciesen una fina y atractiva capa de barniz blanco, pero existieron también excepciones a esa norma, con piezas que pretendían semejar la obra escultórica más purista, como el famoso “Espadachín”, o que pretendían imitar con mayor realismo las piezas arqueológicas que imitaban, llegando a elaborarse en arcilla pura.

La inmensa mayoría de la producción, aunque no toda, aparecía marcada en su base. La marca más habitual era la de las runas entrecruzadas, pero junto a este logotipo solía aparecer la leyenda “Allach” en letra gótica, a veces inscrito todo el conjunto en un octógono. Tampoco es excepcional que aparezca la firma del artista que diseñó la pieza e incluso el número del modelo. Estos marcajes han de ir siempre en relieve o seriegrafiados en tonos verdes oscuros, grises o negros. Circulan gran cantidad de copias de estas piezas donde la palabra “ALLACH” aparece en letra mayúscula con caracteres latinos y otras donde las marcas están impresas en colores distintos a los indicados que han de ser desechadas de inmediato.

Regalos y recompensas

Como ya hemos dicho, una parte muy importante de la producción era vendida directamente al público, pero había también series que se fabricaban por encargo para ser distribuidas con motivo de algún evento o celebración institucional, e incluso como regalos especiales de los jerarcas del partido nazi o incluso de las fuerzas armadas. Himmler utilizó las mejores obras de cerámica de Allach para agasajar a las diversas personalidades extranjeras con las que se reunió, y también las usó para premiar a sus colaboradores y a individuos que de alguna manera merecían su agradecimiento personal o el de las SS. Las figuras del “Espadachín” (realizada por el escultor Ottmar Obermeier) y la del “Oficial de las SS a caballo”, bellamente policromada, son buenos ejemplos de estas piezas selectas. Como dato curioso indicaremos que en la visita que el Reichsführer de las SS realizó a España en 1940 vino cargado de estatuillas de porcelana de Allach que fue regalando a las personalidades con que se entrevistó.

Diversos ayuntamientos, gobernadores e incluso jefes de la Wehrmacht realizaron importantes pedidos con esa misma finalidad y el propio Hitler utilizó también estas bellas figuritas como presentes para sus invitados. De la misma manera, estaban elaborados en Allach los candelabros con la inscripción “En la cadena de nuestra estirpe tú eres sólo un eslabón más” que todos los miembros de las SS recibían como obsequio cada vez que tenían un hijo. Dentro de las piezas fabricadas específicamente como regalos de representación destacan los llamados “platos del Julfest” que Oswald Pohl, jefe del Departamento de Economía y Administración de las SS, encargó para las fiestas del solsticio de invierno de 1941, 1942 y 1943.

Tambié05n se fabricaron series especiales para la conmemoración de ciertos eventos, como por ejemplo la famosa estatuilla de la diosa Atenea, diseñada por el profesor Theodor H. Kärner, que se distribuyó durante las exposiciones celebradas en Munich con motivo del Día del Arte Alemán de 1938. Otro ejemplo típico es el de la placa en relieve que se confeccionó regularmente por encargo de la dirección del periódico de las SS “Das Schwarze Korps” para ser entregada como recuerdo a sus colaboradores en una reunión que se celebraba con periodicidad anual.

Diversos artículos fueron fabricados específicamente para ser utilizados en fechas muy específicas del calendario nacionalsocialista, como por ejemplo los candelabros de arcilla que se utilizaban durante las cenas del Julfest y Nochevieja, cuyas cifras de producción alcanzaron los cincuenta mil ejemplares anuales.

La producción de las plantas de Allach y Dachau cesó en diciembre de 1944, cuando los aliados se aprestaban a cruzar el Rhin e irrumpir en Baviera.

Hoy las piezas marcadas con las runas entrelazadas de las SS alcanzan precios muy elevados en el mercado del coleccionismo de arte, antigüedades y militaria. Al problema de su alto coste se une otro aún más importante: es muy difícil encontrar artículos originales de Allach en el mercado. Por si todo esto fuera poco, la aparición de copias y falsificaciones ha venido a complicar aún más la situación para el aficionado. Por ello, recomendamos al lector que desee adquirir alguna porcelana de esta marca que antes de invertir su dinero se asesore convenientemente con algún experto, siendo muy útil la lectura del insuperable libro de Dennis R. Porel que editó en dos volúmenes con el título Allach Porcelain 1936-1945. obra que ha superado totalmente el famoso librito de Michael J. Passmore SS Porcelain Allach,  el cual, eso sí, se ha convertido ya en una pieza de colección en si mismo.

No obstante, quien tenga la oportunidad de contemplar con detenimiento alguna de las típicas piezas de esta peculiar empresa, será difícil de engañar con una falsificación, ya que la calidad de sus producciones es tan impactante como difícil de alcanzar.

Nota: Las piezas fotografiadas pertenecen a la colección del autor.

1 Edwige Thibaut, La orden SS, etica e ideología. Ediciones Hispanoamericanas. Buenos Aires, 2001 (“La belleza bajo el signo de las runas SS”, pp. 303-307).

2 E. Thibaut, Op. Cit. Pág. 306.

3 En algunos documentos de las SS aparece esta planta de Dachau con entidad jurídica propia, como empresa teóricamente independiente de la matriz de Allach.

4 Para entender mejor el complicado organigrama de la WVHA recomendamos la lectura del capítulo titulado “El imperio industrial” (pp.204-218) de la obra Historia Secreta de las SS, de Robin Lumsden (Esfera. Madrid, 2005).

5 E. Thibaut, Op. Cit. Pág. 306 y 307.

Publicado en Historia.